Once personas murieron intoxicadas mientras dormÃan, la semana pasada, en un depósito de plaguicidas en la comunidad de Japo K’asa, en el municipio de San Lucas (Chuquisaca), según reportó la prensa. Al parecer uno de los botellones de la sustancia usada para “curar†los cultivos de ajà se derramó en la habitación, y fue inhalada por las vÃctimas.
Aunque se trata de un caso extraordinario, el hecho vuelve a llamar la atención de estudiosos y activistas contra los plaguicidas. Los efectos del uso de plaguicidas en la salud humana no se han estudiado a profundidad en el paÃs, sin embargo se verifica la existencia de sÃntomas extraños que comienzan a aparecer en zonas agropecuarias y de cultivos intensivos.
El gerente general de Plagbol y especialista en salud ocupacional y ambiental, Guido Condarco, explicó que a su oficina llegan pedidos de ayuda e información de personas y autoridades municipales del norte de Santa Cruz. Desde las localidades de San Pedro, San Julián, Guarayos y poblaciones del Beni se ha reportado el incremento de abortos, malformaciones, casos de cáncer, enfermedades dermatológicas y otras cuyo origen desencadenante se desconoce.
Condarco dice que algunos plaguicidas se metabolizan en 24 horas, mientras que otros pueden tardar hasta 20 años en el medio ambiente.
Plagbol ha hecho gestiones para introducir la intoxicación por plaguicidas dentro del monitoreo del Sistema de Vigilancia Epidemiológica en Salud, con el propósito de contar con información sistematizada y cientÃfica sobre el tema. Los primeros resultados se esperan para dentro de tres o cuatro años.
El doctor Condarco, también especialista en toxicologÃa laboral, explicó que a nivel internacional los estudios cientÃficos han detectado neurotoxicidad, efectos en el sistema endócrino y el sistema reproductivo, enfermedades crónicas y algunas malformaciones.
En Bolivia se ha avanzado en investigaciones de genotoxicidad (daño en el material genético) en trabajadores agrÃcolas y se sabe que la exposición a los plaguicidas aumenta la probabilidad de tener lesiones crónicas.
Sin embargo no existe mayor investigación para dimensionar el daño de los plaguicidas al ser humano. En muchos paÃses se conoce a los efectos en la salud como “enfermedades silenciosas†porque no se perciben y sólo se sienten sus efectos cuando el mal ha avanzado.
“El problema es que hacer investigación es caro. En este momento está sujeto a ayudas internacionales de gobiernos amigos que pueden cooperarâ€, dice Condarco. Pero la investigación no sólo debe ver los efectos en los seres humanos, tampoco se ha profundizado en el estudio de las secuelas que causan los plaguicidas a los campos de cultivos. Tan sólo se sabe que provoca un daño irreparable en los suelos, que más temprano que tarde comienzan un proceso de desertificación.

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