ONG Plagbol certifica que los plaguicidas causan deformidad

Enviado por Prensa el Lun, 2009-04-27 15:50.

Los plaguicidas en Bolivia están causando las primeras malformaciones y aún no hay un control eficaz en la materia. Así lo afirmó el experto Rafael Cervantes, de Plaguicidas Bolivia (Plagbol), quien presentó un estudio sobre el impacto de estos agentes químicos en la salud y el medio ambiente.

No sólo eso, Plagbol denunció el escaso control de las entidades públicas para frenar principalmente el uso y la venta de estos plaguicidas, aunque en el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) señalaron que sí realizan controles. Sin embargo, también admitieron que la internación de plaguicidas por la vía del contrabando provoca distorsiones.

La advertencia de Plagbol respecto de las malformaciones está asentada en hechos reales. El caso más crítico de los últimos tiempos se dio hace un año en la localidad de Ivirgarzama, en el Chapare cochabambino.

El lunes 3 de marzo de 2008 nacieron dos bebés y uno de ellos tenía las piernas prácticamente unidas, dicha enfermedad se denomina síndrome sirenomeli.

Las pesquisas posteriores al nacimiento determinaron que la madre, quien en el momento del parto tenía 25 años, había pasado las 33 semanas de gestación en una habitación junto a plaguicidas, insecticidas y fertilizantes que ella y su marido usaban en sus labores agrícolas.

Según Cervantes: “En el campo de la salud los efectos pueden ser agudos o crónicos. Interesan mucho los últimos estudios acerca de plaguicidas que antes se consideraban como los menos tóxicos pero que ahora se está estudiando cómo afectan al organismo como disruptores hormonales; es decir que asemejan la función de las hormonas del organismo y pueden producir alteraciones no precisamente en la persona que está en contacto con los plaguicidas, sino en su descendenciaâ€.

El uso de plaguicidas también tiene otras cifras rojas. Por ejemplo, en enero de este año, en el municipio chuquisaqueño de San Lucas, murieron 11 personas que habían inhalado Karate y Loreni. Ambos agentes químicos son de etiqueta roja y su venta está prohibida en varios países.

El control

El Senasag está encargado del registro y la comercialización de los plaguicidas en el país, pero con limitaciones.

En esta entidad explicaron que existe un “registro de autorización para permitir o restringir la comercialización de estos químicosâ€. Sin embargo, renglón seguido admitieron que los agentes químicos ingresan por las rutas del contrabando, lo que hace más complicado el trabajo de la entidad estatal.

Las puertas de ingreso clandestinas están ubicadas en las fronteras del país, sobre todo con Brasil y Perú.

Según Cervantes, existen algunos avances para el control y el manejo de estas sustancias químicas. “Hay campañas de prohibición de plaguicidas extremadamente tóxicos y entre varias instituciones involucradas (en especial organizaciones no gubernamentales) se han emprendido estrategias de comunicación y difusión hacia el agricultor y el consumidorâ€.

Los municipios también están encargados de la autorización de semilleras o las tiendas de venta de estos productos y el expendio de plaguicidas, especialmente “domésticosâ€, los que se pueden usar en los hogares.

Contaminación ambiental

Los plaguicidas no sólo afectan a los agricultores. Un reciente estudio de Plagbol indica que el 55 por ciento de los tomates que se consumen en el país puede estar infectado por estos químicos.

El uso de plaguicidas también degrada el suelo y destruye los recursos que son fundamentales para la fijación de carbono, como los bosques y el resto de ecosistemas.

Esto contribuye al cambio climático, tal cual se expone en el informe “Agricultura y cambio climático: Impactos climáticos de la agricultura y potencial mitigaciónâ€, de Pete Smith, de la Universidad de Aberdeen.

Según Plagbol insecticidas, herbicidas, fungicidas y otros plaguicidas provocan contaminación del agua, aire, suelo y alimentos con compuestos que pueden perjudicar al ser humano.

Los agentes químicos

Los plaguicidas organoclorados y los contaminantes orgánicos persistentes (COPS) contaminan suelo, agua y aire por 30 a 50 años. Producen resistencia de las plagas y pueden ocasionar un desequilibrio ecológico porque eliminan a los insectos benéficos o también llamados controladores naturales.

Estos agentes químicos se emplean en los campos agrícolas. Santa Cruz es el departamento que más usa plaguicidas en Bolivia. Se estima que ahí se utiliza el 90 por ciento de estas sustancias. El restante 10 por ciento está en las zonas agrícolas donde existe producción a pequeña escala y, según un experto de Plagbol, en estas zonas hay un peor uso.

En la actualidad, los plaguicidas son los químicos tóxicos más frecuentemente encontrados en el ambiente. El uso de plaguicidas refuerza la productividad de la cosecha, pero los humanos son afectados y sufren las consecuencias.

Plaguicidas Bolivia (Plagbol) es una de las instituciones que más han trabajado en la materia en el país. Capacita recursos humanos de las áreas de salud, agricultura y educación sobre estos agentes químicos.

El problema de los plaguicidas no es exclusivo de Bolivia; un estudio de 2008 revela que el 63 por ciento de las frutas y verduras que se venden en los supermercados de Chile contiene restos de algún plaguicida, según un estudio del estatal Servicio Agrícola y Ganadero difundido por La Tercera.

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